FETICHISMO ZAPATOS

Antes de entrar en por qué pensamos que el sexo pervertido debe ser desestigmatizado, definamos las diferencias entre la perversión y el fetiche - aunque muchos los usan indistintamente, hay algunas diferencias entre los dos términos. Todos los fetiches son torceduras, pero no todas las torceduras son fetiches. Alguien que tiene un fetiche por asfixiarse, o por decir pies, necesita eso como parte de su interacción sexual para alcanzar la gratificación, mientras que alguien que tiene una torcedura por azotar no necesita azotes para ser parte de su interacción sexual para alcanzar la gratificación. Los fetiches sexuales y las perversiones han existido tanto tiempo como el sexo mismo. Y como con mucha de la expresión sexual, han estado llenos de estigma y vergüenza. El estigma contra los fetiches y las torceduras puede encerrarnos en un nuevo armario tan opresivo y peligroso como el que ya hemos sacado. Abrazar nuestras pasiones nos da la mejor oportunidad de encontrar placer y satisfacción de manera segura, sana y consensuada.

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Tales filias son también muy específicas de cada individuo Deseos a los que dar rienda suelta en la familiaridad. Tal es la definición que ofrece a día de hoy el glosario de la Real Academia de esta tendencia erótica. El doctor Stephen Snyder asegura que al contrario de lo que cree la mayoría, tener un fetiche no tiene nada de advenedizo o extravagante y es algo que ni debería avergonzar a nadie tampoco se tendría que mantener oculto en la pareja. Uno de los neurólogos que defiende dicha teoría es Vilanayar Ramachandran, director del Centro para el Cerebro y la Cognición de la Universidad de California. Foto: iStock. Parece ser, al mismo tiempo, que la preferencia por dichos lugares tiene que ver con dos factores.

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